Me encantaban las tardes soleadas, aquellas en las que se pasaban las horas mientras jugaba con esos seres humanos tan pequeños y sonrosados.
A veces los echo de menos, ¿saben? Esos días comiendo todas las porquerías que la gente tiraba y que tanto me gustan, a mí y a todas las palomas que andaban por la plaza. Pero sin duda lo mejor era jugar, salir corriendo cuando se acercaban corriendo los pequeños humanos y posarme unos metros más adelante, incitándoles a que intentaran pillarme. A veces incluso jugaba con los humanos grandes, pero ellos no corrían, el juego consistía en aguantar todo lo posible sin salir volando. Cuando el miedo no podía conmigo era capaz incluso de hacer que esos gigantes tuvieran que esquivarme. Era divertido, me sentía la paloma más poderosa del mundo.
Si, sin duda esas tardes eran maravillosas,mucho mejores que las tardes de invierno revoloteando por la estación del tren. Allí no se podía jugar. Los gigantes que viven allí siempre van muy deprisa y estoy segura de que no dudarían en pisarme si decidiera jugar a no moverme, es más, tal vez ni se fijaban en mí.
Aun amo las tardes soleadas, no me malinterpreten, pero no es lo mismo. Incluso he cambiado la plaza por otro lugar; ya no me sentía con fuerzas para jugar. Ahora voy a un sitio más tranquilo, con una pequeña charca y muchos bancos. También han cambiado los humanos, ahora son gigantes arrugados. Me gustan esos humanos, parecen tan cansados como yo y siempre tienen algo de comida para darme, aunque el resto de palomas se abalanzan sobre lo que me tiran y apenas me dejan nada, cualquiera diría que tienen familiares buitres.
Se muy bien que mis días llegan a su fin pero estoy feliz porque a pesar de las miradas de desprecio de algunos humanos ( ¡rata de aire me han llegado a llamar! ) se que he hecho feliz a muchos pequeños humanos y ahora acompaño las tardes de los arrugados charlatanes.
Quizás en mi siguiente vida yo sea uno de esos pequeños alocados que se creen capaces de coger un pájaro con las manos, quien sabe.
En clase hemos hablado de la educación como conflicto, y esque hay problemas por ambas partes: los receptores están poco motivados y culpan de su fracaso a otros, y los educadores en muchas ocasiones no saben como enseñar.
Desde mi experiencia, reconozco que cuando, por ejemplo, suspendo un examen, en la mayoría de los casos, sin embargo también desde mi experiencia, hay profesores, que aparte del porcentaje de aprobados y suspensos de una clase, no son capaces de comunicar bien.
El error que más me he encontrado es pensar que poner diapositivas plagadas de letras, la clase va a ser más amena y fácil, por el hecho de usar tecnología.

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